2. Guitarras, pianos y falsas apariencias.
·
Escrito por
Sara.
En
la habitación de Catherine, el despertador suena, trayendo un
desagradable pitido por segunda vez. Las 7:30. A este ritmo, llegará
tarde a clase. Tras un par de minutos remoloneando, se levanta con un
sonoro bostezo. Se frota los ojos y se estira hasta ponerse de
puntillas, perdiendo casi el equilibrio. Se ríe de su torpeza y
sonríe; parece que hoy será un buen día. Seguidamente, se dirige
hacia su inmenso vestidor y se rasca la cabeza mientras piensa qué
se pondrá hoy. Esta vez, extrañamente, elige su conjunto rápidamente. Se apresura en ducharse, asearse y vestirse y
una vez ha cogido su bolso, baja a la cocina a tomar tan sólo una
tostada con un poco de mermelada y un trago de zumo de melocotón.
Nunca tiene hambre a la hora del desayuno pero su madre la obliga a
tomar un poco de comida, aunque sea. Camina hasta el instituto, algo
más calmada respecto a la hora, mientras conversa animadamente con
conocidos que se encuentra en el trayecto.
Mientras
tanto, Cole espera en la puerta del instituto a la chica de ayer. Se
intentó resistir pero a él no le engaña. Ha tratado con muchas que
van de difíciles pero que luego se han dejado llevar, con facilidad.
Sus amigos le preguntan sobre lo que pasó a noche, pero él no
suelta prenda. Todos ellos se callan cuando ven aparecer a la joven
de la que hablaban por la puerta de la valla, con un par de
moscardones alrededor. Cole camina hacia ella con una sonrisa de 10
años de Colgate que se le borra en cuanto un chico choca contra él.
-¿Eres
anormal o te entrenas?-le espeta y empuja Cole.
El
joven en cuestión se levanta de un ágil movimiento y le mira. Es
más bajito que él pero no se acobarda; todo lo contrario.
-Soy
Nathan y no, nací así ya. Sorprendente, ¿verdad?-sonríe
engreídamente.
La
gente se empieza a arremolinar en torno a ellos y Catherine se
acerca, curiosa, a observar qué pasa. Se abre paso poco a poco entre
la maraña de gente y ve a los populares del instituto a punto de
pelearse. Nathan y Cole, el chico que ayer se comportó de forma tan
rara. Intenta retroceder cuando el timbre suena y todo el mundo,
salvo ellos tres, se va pintando a clase. Comparten una mirada llena
de incertidumbre y Cole posa su atención en Catherine. Camina hacia
ella cuando ella se dirige al instituto. No quiere volverle a tener
cerca y mucho menos, llegar tarde por su culpa. Nathan lo mira con
cara de asco e imita a la chica. No quiere problemas. Cole se queda
en el patio fumando.
Tras
un duro día de clases, Catherine sale cuando la campana toca. La
llega un mensaje de su madre avisando que sus padres volverían a
casa por la noche ya que tienen reunión y cena de negocios. Ella la
responde, acostumbrada a situaciones semejantes, y va a su casa antes
de volver a encontrarse con Cole.
Pasa
la mitad de la tarde estudiando y en la otra mitad, decide ir a una
tienda de música cercana. Se cambia de ropa, ya que lleva la de
estar por casa para estudiar cómoda, y se pone un conjunto cómodo,
ya que no hay que olvidar que en Inglaterra suele hacer más frío
que calor, y sale de casa. Hoy mirará pianos de cola y guitarras
acústicas.
Una
vez está allí, va de cabeza a ver sus amados pianos. Los acaricia,
contempla e incluso prueba con algunas de sus canciones preferidas o
improvisaciones. Hay negros como el azabache, blancos como la nieve
recién caída, rojos como la sangre y azules cielo. Adora esa
tienda por la cantidad de modelos distintos que poseen. Es un
paraíso. Mira el precio cautelosamente también. Pese a que a su
padre y a su madre no le importe, a ella sí. El dinero no crece de
los árboles y hay que usarlo cuidadosamente y con responsabilidad.
Su padre nunca la hace caso.
Se
anima a probar uno de color rosa pálido con Clair de Lune, una de
sus composiciones favoritas. Cierra los ojos y se deja llevar por el
hermoso sonido que genera el instrumento. Cuando termina, descubre
que un chico la mira. Lo reconoce tras unos segundos de vacilación:
es el chico que se iba a pelear con Cole, Nathan.
-Es
precioso, ¿verdad?
Él
asiente en silencio.
-¿Tocas
el piano?-pregunta ella, con curiosidad.
-No.-responde
sencillamente. No quiere hablar de algo tan importante como es la
guitarra para él con cualquiera.
Ella
agacha la cabeza, cuestionándose si le habría incomodado al
consultarle. Su contestación ha sido un poco cortante. Se despide
con una sonrisa tímida y un gesto de mano que él la devuelve y va a
mirar su segundo objetivo: las guitarras.
Al
principio, busca de marcas específicas pero se rinde pronto ya que
no sabe nada del tema. Prosigue su búsqueda por color, ya que la
quiere negra o blanca a ser posible. Lee bien los cartelitos como si
estuvieran en un idioma que desconoce y suspira. Busca al dependiente
con la mirada pero lo ve en la caja, con una larga cola de personas
esperando. Es inútil preguntarle.
-¿Qué
tipo de guitarra quieres?-la sobresalta una voz. Mira a su alrededor
hasta dar con Nathan.
-Me
gustaría una guitarra acústica.
El
chico se ríe y echa a caminar. Ella le sigue, algo aturdida. Se
paran unos pasillos más lejos.
-Aquí
están las que tú buscas. Estabas mirando las españolas.-sonríe
él.
-Oh,
gracias.-le devuelve la sonrisa y se pone a leer los carteles de
nuevo. No se entera de nada.-Perdona, ¿sabes de guitarras?-él
asiente y se encogiéndose de hombros.-¿Te importaría aconsejarme?
Estoy un poco perdida.-Nathan repite el gesto y coge una negra
preciosa.
-Esta
es una Fender, es barata pero suena bastante bien.-se la tiende y
ella la coge, temerosa de que se la caiga. Él se da cuenta y sonríe.
Catherine
aprecia los detalles por unos minutos y mira la etiqueta. 99 dólares.
-Es
increíble...-murmura.
Pasan
un rato hablando de guitarras y pianos, sin embargo, Nathan no la
cuenta nada todavía de su hobbie «secreto». Le parece una chica
amable, apesar de su apariencia de niña mimada. El aspecto engaña.
Un
rato después, ella mira el reloj: las ocho. Hora de irse a casa.
-Me
tengo que ir ya a casa, se hace tarde -señala el exterior de la
tienda. Se ve como cada vez está más oscuro a través de las
ventanas- Encantada. Ya volveré a por la guitarra.-le dedica una
dulce sonrisa.- Hasta mañana.
Cole
se despide con un gesto de mano y otra sonrisa y se dirige a su casa
también.
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Es demasiado!! Muy perfecto, muy chachi, muy genial, ajskfhsdyfu QUIERO QUE SUBAS PRONTO!!
ResponderEliminarMe encanta ta distinto pero se nota que es tuyo,escribe prontito plis
Bueno, joder, si es que no puedes decir que no, si es que escribes de puta madre, si, igual me he pasado, pero es así, no se puede decir de otro modo. Quiero el siguiente capítulo ya jo. Me encanta, y tu también...
ResponderEliminarERES AMOR!!!!!!!!
espero el siguiente capítulo y pronto eh?
Mucho amor pa' te
Una Sara enamorada de ti <3
Yo no sé qué haces para escribir tan bien y dejarnos cada capítulo con una intriga increíble.
ResponderEliminarMátame, pero me encantaría que Cole acabase siendo más sensible y saliera con Catherine. Nathan es simpático, pero no sé por qué Cole... JDSLAFJSLDF (Aunque creo que eso se debe las fotos que has puesto, jeje. Ese modelo me puede)
Bueh, pues eso. Espero que subas pronto bonita *-*
¡Besis!