3. Starbucks.

2
COM
«¡RIIIING!». La campana del instituto suena, sobresaltando a Catherine, que estaba a punto de dormirse en la clase de matemáticas. Cada día se presiona más con su actuación y cada día duerme menos. Da las gracias mentalmente a quien sea que haya tocado el timbre y se cuelga su mochila a la espalda. Sale por la puerta con paso lento e irregular y se encuentra sola en la entrada de su escuela. Es común los días en los que como este, se queda una hora más dando mates, que no las lleva muy bien que digamos. Con la mente todavía rezagada por la modorra, decide darse un par de minutos para despejarse. No cree que sea nada responsable y maduro ir por ahí medio dormida, y más siendo las cinco y en el barrio que está. Sus padres son muy estrictos con eso. Decide, también, no llamarles pues no haría más que preocuparlos y probablemente, se llevaría una bronca, aunque eso es lo que menos la importa. Tiene una gran carga con la que lidiar, algo que tiene que afrontar. Su representación. Tiene que hacerla perfecta y nadie logrará hacerla cambiar de opinión. Se mete en un Starbucks cercano con ello en la cabeza y sube al piso de arriba. Se sienta en un cómodo sillón que hay al lado de un gran ventanal que da a la calle y pide un frapuccino de chocolate con café. Mientras espera a que la camarera se lo lleve, mira a la calle con gesto perdido. Cuando ésta la trae su pedido, murmura un gracias y prosigue observando el cielo con rostro pensativo, que empieza a oscurecerse poco a poco.

-Hola.

Ella mira hacia delante y se encuentra con el tipo de aquella noche, Cole, con una sonrisa arrebatadora en la cara. Catherine le mira molesta, como si le hubiera interrumpido mientras escuchaba su parte preferida de su canción favorita y él levanta levemente las manos, señalando que va en son de paz. Por ahora.

-¿Cómo estás?-la pregunta él, hincando los codos en la mesa y apoyando la cabeza en sus manos, ocupado en escudriñar el rostro de la joven. Ella simplemente se encoge de hombros y bebe de su café, trazando una extraña mueca al quemarse que hace reír a Cole. Ella le mira mal.

-¿No me puedo reír?-exclama, cómicamente indignado. Vacila unos segundos, esperando que conteste.-Señorita, ¿no sabe hablar?

Catherine levanta una ceja mientras le mira fijamente, y procede a volver a tomar su café, esta vez sin quemarse. Le dirige una sonrisa incómoda, y una vez se ha acabado su bebida, baja las escaleras y se encamina a la calle. Sabe que es de mala educación no contestar, pero como la pillen... Además, ese chico no es buena gente. Sacude la cabeza , intentando quitarse el tema de la cabeza. Las farolas ya están encendidas y el cielo no presagia nada bueno. El aire frío la azota la cara, liberándola de cualquier resto de sueño que pudiera albergar y tuerce el gesto. Tiene la tarde libre pero no la apetece bailar: ha bailado todas las tardes y en sus huecos libres durante toda una semana, lo que hace más de 48 horas, así que se permite tomar un descanso hoy. Mira a su alrededor, impaciente; no quiere estar en la calle cuando todas esas oscuras nubes empiecen a descargarse. Tras un minuto pensando en sus posibilidades, decide ir a casa más tarde. Al fin y al cabo, son las seis menos cuarto. Se encamina al cine, a ver una película que una amiga la recomendó. La verdad es que hace tiempo que no va al cine, y la apetece. Pide su entrada, la paga y entra en la sala. No compra palomitas, no tiene hambre. Todavía quedan 5 minutos para que la película empiece, pero se apodera de su asiento. No ha vuelto a ver a Cole y prefiere que sea así. Coge su móvil y echa un vistazo a sus redes sociales, sus llamadas y mensajes y su correo, pero no hay nada nuevo. La salita se empieza a llenar. Se encoge cuando unas cuantas personas pasan para ocupar su asiento y da pequeñas palmaditas cuando los trailers se acaban. La peli va a empezar.



-Salid de la sala, por favor.

Catherine agacha la cabeza, cansada de replicar y cruza el umbral de la puerta. Dos metros atrás, Cole sigue quejándose y amenazando al guardia.

-Venga, ponme una mano encima si te atreves.-ríe sarcásticamente y le mira fijamente. Justo antes de soltar otra perla más por la boca, Catherine regresa, le coge del brazo y le saca a la calle.

-¿¡Estás loco!? ¿¡Cómo se te ocurre amenazar a un policía de esa manera!? ¡Si te quieres meter en problemas, adelante, pero que yo no tenga nada que ver!

Se cierra el abrigo y mete las manos en los bolsillos. Hace un frío que pela y la tormenta apenas ha empezado.

-Ese tío se estaba pasando, eh, y ha tenido mucha suerte. Podría haberse pasado la noche de hoy en un hospital.- Ella niega con la cabeza. Se pasa la mano por el pelo y suspira.- ¿Estás bien?-pregunta, más tranquilo.

Ella eleva la cabeza y le mira. Todo lo que ve en él son problemas. Sin responderle, comienza a andar sin rumbo, bajo la lluvia. Escucha pasos corriendo detrás de ella. Cole la coge de la muñeca y la arrastra hasta el Starbucks en el que se encontraron antes y vuelven a subir a la planta de arriba, esta vez se sientan en una mesa apartada. Los planes se le han torcido y no quiere que se resfríe, que luego le contagia. Probará a ser un poco más... ¿delicado? ¿cuidadoso? Con ella. La indica con la mano que espere sentada ahí y ella suspira, resignada. Ese chico aparecerá siempre lo quiera o no. Tan sólo confía en que sus padres o conocidos no aparezcan por allí, aunque son más de restaurantes elegantes en los que tienes que reservar mesa con meses de antelación o bien, ser amigo del dueño de forma que siempre te consiga una buena y bonita mesa. Cole baja las escaleras del local y pide un chocolate caliente para ella. Es un día bastante frío (a mediados-finales de mayo, sí. Eso se llama «Inglaterra».) con tormenta, además, así que una bebida calentita será lo más adecuado para Catherine, teniendo en cuenta que parece una chica un poco frágil. Él no se pide nada. Cuando se reúne con ella, la entrega su chocolate y sonríe.

-Gracias.-murmura ella y le sonríe tímidamente. Si se ha rendido en cuanto a lo de intentar esquivarle e ignorarle, al menos tendrá que ser agradable con él.

-¿Ya mejor?-pregunta él. Ella asiente. Transcurren unos minutos incómodos para ambos. Cole la mira fijamente y ella bebe su preciado chocolate caliente. Hacía bastante tiempo que no tomaba chocolate. Sus padres se lo impiden porque al ser bailarina de ballet no puede tomar ese tipo de cosas. Cuando se lo termina, se siente mucho mejor.

-¿Por qué nunca hablas?-se ríe él. Abre la boca dispuesto a continuar pero la cierra cuando se da cuenta de lo que iba a decir. «Cuidadoso, delicado, recuerda», se dice a sí mismo.

-Porque no tengo nada que decir.-contesta, simplemente.

-¡Venga ya! ¡Estás con Cole Hall, seguro que tienes algo que decir!-y plof, tan pronto como lo recordó, se le olvidó. No está acostumbrado a tener que cambiar tanto por una chica. Tan sólo es una maldita apuesta...

Ella se muerde la lengua para no decir ninguna grosería, como la habían enseñado. Sonríe forzadamente y se levanta del sillón.

-Gracias por el chocolate.-saca su monedero y le deja 20 libras en la mesa, para que no lo tenga que pagar él y se marcha de la cafetería sintiéndose estúpida. «Quizá no es tan malo como parece. Quizá, en el fondo muy fondo, es una buena persona», pensaba. No volverá a hacer lo mismo.

Mientras, Cole coge el dinero que la joven puso en la mesa y sonríe de lado. «Quizá no es tan inocente y pura como parece. Quizá todo ese carácter que parece tener ahogado está en el fondo muy fondo de su alma, reprimido por todo el rollo pijo en el que la han criado». Porque todas y cada una de las mujeres que ha conocido han tenido carácter, el carácter típico de una mujer. Pero ella, Catherine, parecía guardar el doble.